Maya V
Tipos de cine
Cuando digo que hay cuatro tipos de cine no hago más que duplicar lo que se acostumbra al decir que “hay dos tipos de personas en el mundo…”. Es algo mágico el pensar que uno se refleja en otro y juntos crean un tercero, todos, a la vez, observados por un cuarto. Nada nuevo son los números. Apenas pensamos en una cosa cuando ya pensamos en otra, a veces ambas parecen la misma cosa, otras veces algo aparte. Creo que pensamos la misma cosa.
Aparte de todo eso, está el miedo de creer cierto lo que se sospecha, mejor no creamos en nada. Con saber contar hasta 10 nos basta por ahora. Démosle a la Tetractys de Pitágoras la importancia que le da la homeopatía a los chochitos. Hay que tratar el efecto con la causa: 4 + 3 + 2 + 1 = 10.
De hecho, no hay cuatro tipos de cine, sino infinitas variaciones en la proporción de tres elementos. El cuatro es quien contiene (y no) a los tres primeros, en este caso es el Cine. El primero es el cuerpo, el segundo el alma, el tercero la mente. Las analogías pueden ser distintas si es necesario. Del cuerpo podríamos decir que es el dinero, el cine de acción o el comercial, la pornografía o alguna película de Hitchcock; del alma nace el drama, como también los videos musicales, las telenovelas o las películas de Giulietta Masina, dirigidas por su esposo Fellini; y de la mente deviene la comedia, la farsa, la alegoría y el símbolo.
Igual podríamos segmentar las temporadas en la historia del Cine: una fe máxima en los efectos del cinematógrafo, desde los Lumière hasta Eisenstein o D. W. Griffith (igual podríamos distinguir tres tipos en cada época, si eso es lo que quisiéramos); una pasión por lo humano en Fellini, Bergman o Bresson; y los juegos de Greenaway, Kubrick o la influencia general de un Godard. Más fácil sería decir premoderno, moderno y postmoderno, pero quizás me tomarían más en serio de lo que deben.
Las Guerras también parecen marcar una división en el Cine. Gilles Deleuze habla de la imagen movimiento culminando en los juegos de Hitchcock y la imagen-tiempo inaugurándose en los tiempos muertos de Antonioni. Comparemos el cambio narrativo de L’Avventura cuando Sandro deja de buscar a Anna para perseguir a Claudia con el giro de perspectiva de Marion Crane a Norman Bates en Psycho. Ambas películas anuncian el cambio en el Cine de los sesentas. Lo que el maestro del suspenso anticipaba era un cambio brutal en las expectativas del espectador, mientras Antonioni hacía lo mismo dilatando ya no el movimiento, sino el tiempo, lo que creó la impresión de “ser en el tiempo”. Hitchcock cruzaba la línea con experimentos como Rope donde la película aparentaba ser una toma continua, pero sus obras no dejan de formarse en el suspenso del movimiento, fijadas en causa y efecto, mientras que el cine de Antonioni, como el de muchos otros nuevos, aminoraba las relaciones causales para aumentar las casualidades que reflejan mejor la madeja de la vida.
Hay para quienes ni la voluntad ni el azar bastan porque piensan en lo predeterminado. Anticipan la historia y la dejan fluir libremente en el destino que se crea en sus obras. Lo pronosticado en el título Un hombre condenado a muerte escapa o El viento sopla donde quiere es el cuarto tipo de Cine. El encarcelamiento se lucha en lo real (en las manos). Él tiene que estar despierto para cumplir con su destino de escapar de la prisión. El Cine sería como el viento que sopla en el espectador que quiere, como Kiarostami en El viento nos llevará donde teje el azar y el destino de una pobre anciana de más de 100 años que va a morir; un reportero, extraño al pueblo, que está esperando su muerte para fotografiar el funeral, y un niño inocente que tiene que estudiar para un examen.
