Maya IV
De nada
Para mí siempre quedará incierto si lo que se dice de una cosa es la cosa. Pues no se es una sola cosa cuando se está mutando. ¿Pero qué no muta en el tiempo? Nada. Todo muta: desde las naves blancas que se proyectan en una pantalla oscura, formando imágenes, hasta la materia que no es más que energía. La luz es onda y partícula. El Cine es el tiempo conservado, la vida petrificada: la eternidad.
20 cuadros en un segundo y fracción, tomados el día 14 de octubre de 1888 en Roundhay, Leeds, en Inglaterra y el tiempo de la humanidad se bifurcó en una calle sin salida (o quizás una rotonda). Una isla de tiempo nació como un huevo que puso la Historia. El Aleph que soñó Borges, la búsqueda de Proust, son la antesala del Cine. Si lo que al arte y la filosofía les ha costado siglos imaginar, a la cámara le es elemental y mecánico, entonces, ¿cuál es el juego del Cine?
Los signos los podemos encontrar en lo que tiene el cine de particular: el tiempo. Ver una persona caminar implica movimientos en el espacio y tiempo (las mutaciones del I-Ching). Estos signos extraídos de los cambios son los que nos ayudan a formar una imagen mental del filme. Podemos precisar que un joven de negro camina alrededor de tres personas que bailan en sus propios ejes. No sabíamos aún que el joven es Adolphe Le Prince, hijo de Louis Aimé Augustin Le Prince, inventor y artista que construyó los primeros modelos de cámaras (incluyendo experimentos con la tercera dimensión, pues insistía en que sólo así podría transmitirse la realidad de la experiencia) hasta crear la cámara que duplicaría la vida por primera vez en la Historia.
Un pequeño momento en el tiempo y el Todo se abre a la interpretación: ¿cómo entender el medio giro de la misteriosa dama (Harriet o Annie Hartley), el inexplicable baile en reversa de la suegra (Sarah Whitley), el corte en el negativo que desaparece al suegro (Joseph Whitley) por unos instantes, o el medio círculo que traza Adolphe hasta ver de frente a la abuela y tras ella al abuelo, todos ellos siendo observados por Louis Le Prince con su máquina? Podemos apreciar el cielo en el fondo, el jardín, la fachada de la casa y una parte sombreada por los árboles. Pero ese cielo es ya mítico, es nuestra ventana al universo; el jardín es el orden en la naturaleza; la casa es el producto de la civilización; y ya la sombra es lo que siempre ha sido en su terrible ausencia.
A propósito de la nada, ¿no será el olvido su equivalente en el tiempo? La elipsis. La desaparición del suegro por un instante podría ser la primera elipsis, el primer truco de magia, accidental quizás, igual que el vidrio roto en The Bride Stripped Bare By Her Bachelors, Even, de Duchamp. O será la primera elipsis la eternidad anterior al momento de la filmación, todos los cuadros negros desde la prehistoria. Quizás se abrió hacia el futuro con la muerte de Sarah Whitley diez días después de la filmación, ¿no es la muerte en sí una elipsis?
Habría que tomar en cuenta que lo que aparece negro en la impresión del filme es en realidad un hoyo, una ausencia de filme, que en un proyector se traduciría en luz blanca pura. Las sombras del cine nos devolvieron la idea de la nada como un haz de luz, el vacío deja de ser lo oscuro; así como luego se dirá que el sonido inventó el silencio en el cine. El Cine resuelve el falso problema que detecta Bergson: la nada no precede al todo. “… en la representación de una abolición de lo real no hay más que la imagen de todas las realidades persiguiéndose unas a otras, indefinidamente, en círculo.” (Bergson, 1987, p. 30). El círculo que traza Adolphe es fatal e inalterable, es la memoria del tiempo que se cierra sobre sí misma, se cristaliza en cuadros que la luz y el movimiento reviven. La idea del destino es un callejón sin salida, el cine hizo real la eternidad y el infierno, la memoria cíclica: la reencarnación. ¿No tiene todo esto un precio?
El inventor Le Prince desapareció sin rastro en un viaje que hizo por Francia en tren poco antes de ir a Nueva York a exhibir su invento. Se proponen cuatro posibilidades: la familia quería deshacerse de él por su supuesta homosexualidad; se suicidó o escapó para no enfrentar sus deudas; su hermano se deshizo de él por un dinero; o, la que apoyaron su esposa e hijo, fue asesinado por orden de Thomas Alva Edison quien quería ser el primero en patentar el cinematógrafo. Esta teoría está apoyada por la subsiguiente muerte de Adolphe cuando recibió un disparo en la cabeza durante una cacería. Se reportó como suicidio. Días antes había testimoniado para el caso contra Edison, defendiendo el nombre de su padre en la paternidad del cine. Sería el segundo título arrebatado a Edison, ya que a principios del 2008 se pudo descifrar una grabación de audio en papel, anterior a la de Edison por 28 años, se trata de la línea "Au clair de la lune, Pierrot répondit..." de la canción folclórica francesa Au clair de la lune grabada en 1860 por Édouard-Léon Scott de Martinville.
Aunque en el 2003 se descubrió en los archivos de la policía parisina una fotografía de un ahogado que se parecía a Louis Le Prince, esto no resuelve la desaparición, sólo multiplica las pistas ya indescifrables por el tiempo. Continúa creciendo el misterio alrededor del ausente y olvidado inventor del cine ahora, casi 120 años más tarde. Quizás algo ofuscado por los macabros asesinatos de Jack el Destripador ese mismo otoño, el nacimiento del Cine, la base cuadrada, está rodeada por una neblina inglesa que la confunde con esa paradoja inextricable que crea la luz en la sombra.
Bergson, Henri; Deleuze, Gilles. Memoria y vida. España: Alianza Editorial, 1987.
