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Maya III

Ilusión

Ya cuando le anda a uno hacerse el llamativo para poder vender mejor crea ilusiones. El mago Méliès escribió, produjo, dirigió, editó y actuó en mundos fantásticos que exaltaban la realidad hasta lo imposible, creando una ilusión. Todo pareció posible para los espectadores. Se proyectó una trama de ilusiones y expectativas en el inconsciente colectivo; se estableció un negocio. Georges Méliès murió pobre, pero varios imitaron su trabajo y lo convirtieron en una industria. 

 

Al Cine el Mundo le otorgó el poder (y la responsabilidad diría el Hombre Araña) de producir ilusiones. No fue un descuido, la guerra y la pobreza estaban a peso y el cine a unos centavos. Uno podía ser el protagonista de The Crowd de King Vidor durante una hora con cuarenta y cuatro minutos y después volver a ser uno más del público. El tiempo cobraba vida. Imagino que el fenómeno eternizante del Cine transmutaría la realidad en algo más confusa y muerta. El Cine le responde al Mundo a su manera.

 

​La correspondencia entre Cine y el Mundo produce ilusiones. Las imágenes en la pantalla se proyectan sobre los espectadores y fijan en sus ojos y en su memoria la falsa impresión de realidad. Kennedy saludando desde su carro y Oswald ,rodeado de policías con sombreros, no son verdaderas personas o memorias, son imágenes, y dada la ilusión cinemática asistimos a sus asesinatos. Igual puede la ilusión dotar a una estrella de cine de una vida más allá de sí misma y convertirla en la fantasía de millones de púberos excitados.​

 

Desde Sunset Blvd. hasta Mulholland Dr., pasando por F for Fake, el Cine ha trazado la historia oculta de la industria. La mentira, el truco y la magia son las balas, los accidentes y las mujeres del cine. Conscientes del aspecto especulativo entre el cine y el dinero, Wilder, Lynch y Welles han revelado este tráfico a través de un espejo oscuro; ver sin ser visto. Sus imágenes nos devuelven una mirada inadvertida que promete desenmascarar la ilusión detrás de la industria. ¿Cuál es la otra cara de la moneda?

 

​Por cada moneda circulando entre las personas hay un equivalente en oro (en caricaturescos lingotes dentro de alguna enorme bóveda) pero no sería extraño que sólo fuesen papeles, palabras, promesas,  porque el dinero tiene una existencia fantasmal, es puramente simbólico. Una moneda remite a otra y así ad infinitum. En otras palabras, el oro no es pan ni vida. El Cine mantiene una relación viciosa con un fantasma, con un símbolo muerto. Es la fuerza Yin, la tierra, la oscuridad, el toro y cuerpo; es la realidad que pesa sobre la Idea. Quizás la ilusión de la que tanto huían los budistas es la misma visión, mitad divina, mitad profana, que produce la luz intermitente del proyector cuando el Cine se convierte en lo que los shivaístas llaman maya.

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©2025 Raúl Quintanilla Alvarado

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